Las ovejas de Glennkill

Sir Ritchfield decidió contar ovejas, un procedimiento fastidioso: sólo sabía contar hasta diez, y no siempre, así que las ovejas tenían que formar pequeños grupos. Surgieron desaveniencias porque algunas ovejas afirmaron que no se las había contado, mientras que Ritchfield sostenía que ya lo había hecho. Todas las ovejas temían ser pasadas por alto en el recuento y que, en tal caso, pudieran desaparecer. Algunas intentaron introducirse a hurtadillas en otros grupos para ser contadas dos veces, por si las moscas. Ritchfield balaba y bufaba, y al final llegaron a la conclusión de que, en total, había treinta y cuatro ovejas en la pradera.

Se miraron desconcertadas: sólo entonces repararon en que no sabían cuántas ovejas debía haber en la pradera. Aquella cifra que tan laboriosamente habían calculado carecía de valor para ellas.
Por Leonie Swann
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Visto en Papelenblanco

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