¡Puta mujer insaciable!

¡Cómo se estremecía! ¡Brincaba y balbuceaba! Ponía los ojos en blanco mientras se le escurría la saliva por sobre sí. Terminaba agotada y jadeante, con el hocico repleto de heridas a causa de mordidas autoinfligidas durante el fornicio.
Como todo buen amante, luego de pudoroso acto me aproximaba a sus labios o sus mejillas, con la intención de propiciarle un beso que a la vez le dijera "Ésta es otra forma en que puedo expresarte mi cariño", pero siempre me rechazaba. Me apartaba y yo no sabía por qué. Al preguntarle qué le sucedía, ella sólo se limitaba a botarme del cuarto y mandarme a la mierda, para luego no atender mis llamadas durante días o semanas.
"¡Puta mujer insaciable!", siempre pensaba; sin embargo, nunca podía dejar de recordarla. Jamás me había sentido ni tan hombre ni tan útil. Después de todo, me sentía tan orgulloso de cómo la llenaba de placer, o por lo menos eso creí hasta que me enteré de su epilepsia.

3 comentarios:

  1. azu.. que alucinante! jaja

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  2. hahaha ke increibleee xD.....experiencia de vida -_-

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