Aquella noche

Era un jueves por la noche y me encontraba solo en un bar. Frente a mí se encontraba una chica bastante simpática y, extrañamente, estaba sola. Cabello rubio, largo y semiondulado; piel blanca; de labios delgados color rosa y de nariz pequeña, pero fina. No podía distinguir el color de sus ojos, pero tenía una mirada preciosa, la cual se cruzaba con mi mirada. Decidí entonces acercarme.
Me recibió con una muy bonita sonrisa, ella también se había fijado en mí. Al conversar, ella no apartaba de mí su linda mirada; yo, en cambio, no podía apartar la mirada de su preciosa boca, me moría por besar esos labios. Luego de casi una hora de conversar sin parar, y después de habérseme insinuado en hacer algo más, me dijo para dar una vuelta por ahí. Acepte, así que cogió su abrigo del respaldar, se lo puso, y fue entonces que entendí por qué nadie se le acercaba: estaba sobre una silla de ruedas. No sabía qué decirle, ya se me ocurrirá algo, pensé.
Estuvimos un buen rato buscando un hostal, pero no encontrábamos ni uno. Aún no se me ocurría nada que decirle. Señaló un parque amplio y oscuro, y me dijo ¿Qué tal ahí? Sentí entonces que algo recorría mi cuerpo y no podía evitar, ¿habrá sido el morbo por hacerlo en plena calle, por hacerlo con una discapacitada o por hacerlo con alguien a quien no conocía? No lo sé, pero casi al instante me encontraba recostado en un árbol con ella encima mío. Ella tenía un problema en las rodillas que le impedía caminar, lo cual significaba que sí tenía sensibilidad en sus partes ...y vaya que sí sentía.
Luego, la ayudé a vestirse y la regresé a su silla. Decidí llevarla a su casa, pues era bastante tarde y no podía dejarla a su suerte. Así, al llegar a la puerta, ésta se abrió de repente y nos recibió un hombre que resultó ser su padre. Ella nos presenta, y luego pasa por orden de aquel hombre, dejándome solo con él. Ya solos, y luego de intercambiar unas cuantas palabras me dice:
- Joven, muchas gracias por traerla.
- Sí... no se preocupe, le respondí con timidez y vergüenza.
- En serio te lo agradezco, pues otros siempre me la dejan en el árbol.

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